Introducción: Cantándose
La epístola es tan fastidiosa, creerme una escritora. No quisiera regirme
por medio de un libro, sería tan aburrido, pero me temo que no soporto tal
cosa. Gritan todos al mismo tiempo sobre mí, y la oleada eléctrica que se viene
me sofoca. El poco espacio y su cuadrado mundo cegó mis ojos por tanta negrura,
y ahogarme parece ser un hecho.
Huele a…
Huele mucho a…
Espera.
De verdad eso no es lo que me interesa mucho ahora. Yo lo había hecho,
¿estoy en un manicomio? Eso explicaría ese olor y el entumecimiento. Ni temblar
a gusto con mis pesares puedo, lo hice, hice lo que mi subconsciente ordenó.
¡Como si alguien viviese ahí! ¡Me decía cómo hacerlo y por qué! ¡No, claro que
no! ¡No es mentira! Era más fuerte que un zumbido en mi cráneo, y hablaba tan
coherentemente que creí que era la voz de mi mente.
Temblé en cuanto el hierro del arma enfrió mis dedos, pero, no temblé en
cuanto le apunté. Ya lo repetía mi cabeza: “Súbela,
¡Súbela y déjala a las 3 menos cuarto sobre su tórax! ¡Apunta con firmeza!”
Yo negaba y repetía que no podría. La voz no se compadecía.
“¡Dispara cuando cante!
¡Cuando cante dispara!”
La vocecilla ni carcajeaba ni lloraba. Solo hablaba como un fiel software
de Windows, me reí pensando en mi cerebro robótico, ¿sólo recibir una orden y
disparar? Pero, ¿cómo sabría que iba a cantar?
La segunda Alicia tenía una
hermosa voz.
Llenó con su dulce encanto
el extraño país.
El bello sonido a aquella
Alicia enloqueció.
Tanta música arruinó a la
pobre infeliz.
Reírme, reírme y derramar vinagre entre mis ojos, ya no temblaba, no, pues
sus ojos azules solo se mantenían en mi dirección, apacibles y estáticos. Traté
de descubrir si era el embrujo del mar, o del cielo lo que ahí se escondía. Y
tuve que concluir que solo el infinito y basto universo era lo que ocultaban.
Mis manos sudaban, estaba tan nerviosa, como una damisela frente al
Príncipe de su efigie de ensueño. Habría descubierto felizmente que ese era con
quien soñaba, pero solo desmenuzaba su vida tras dejar que mis dedos sudorosos
por error resbalaran. ¿Saben una cosa? El gatillo no es tan blando como lo
mencionan en las películas, así que bueno, mentiría si dijese que no intenté
por segunda vez presionarlo.
Lo hice con fuerza.
¡Oh, fue tan perfecto!
¡No, claro que no!
¡Estaba horrorizada, aun lo estoy!
La cancioncita se repetía una y otra vez, finalizando con mórbida lentitud.
Esa Alicia quiso una rosa
cortar.
Más su fiel amante al verle
no se pudo controlar.
Florecieron en su pecho
rosas carmesí,
¡Qué tragedia amar y estar
destinado a morir!

